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Sociedad y cultura

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El que piense no sale en la foto

hombre_pensandoHace muchos años, un vicepresidente gubernamental que no estaba exento de verbo ni de inteligencia, Alfonso Guerra, pronunció lo que hoy es una frase algo manida y probablemente sacada de contexto: “El que se mueve no sale en la foto”. Eran tiempos difíciles: el Partido Socialista Obrero Español gobernaba por primera vez en la democracia inaugurada por la transición post franquista y había mucho que hacer. Primaba entonces la disciplina de partido y no había tiempo para los versos sueltos, para polémicas consideradas ociosas ni tampoco para determinados matices.

Pero es que casi todos los tiempos, cuando se contemplan desde el presente, parecen difíciles. Y el respetar los acuerdos políticos, morales y, en consecuencia, los verbales, acaba compensando, pese al prurito de prostitución personal que uno detecta entretanto paga por tamaño billete de entrada a la sociedad.

Tiempos como el presente son de verdad complicados. Cómo no. Pensar, emitir opiniones originales, irreverentes, disonantes, atrevidas, arriesgadas, irrespetuosas e incluso civilmente suicidas aportaría bastante a unos lectores que, a base de ver lo mismo todos los días, hemos acabado programados para repetir los mismos estímulos-respuestas; como si fuéramos esos zombies que por algo siguen tan de moda…

Seguimos, en nuestra pasividad construida a base de pantallas (y a prueba de bombas, nunca mejor dicho), conquistados por esa identidad que equipara lo que aparece en estas a lo únicamente existente. Intelectuales mediáticos, sacerdotes de la izquierda en pleno y constante apocalipsis (lo suficientemente plastas como para seguir de sacerdotes eternamente), tertulianos-caricatura de programa-sainete con ribetes políticos, portavoces/zas sobreactuados supuestamente ofendidos por un determinado “abuso” sobre el medio ambiente, los toros, la igualdad, los derechos de no sé quién… (¿quién tiene derechos cuando los derechos más importantes los hemos dejado abolir al negarlos o al no defenderlos?)

Sería bueno poder poner fin a la letra de esa música a la que no queremos o no podemos renunciar. A esas cursiladas eufemísticas de ‘posverdad’, ‘participación ciudadana’, ‘crisis de valores’, ‘sostenibilidad’, ‘populismo’, ‘crisis’… Palabras que engañan, palabras que mienten… pero palabras que, de algún modo, nos mantienen, como el cordón umbilical, adeptos a la corriente mayoritaria, comprendidos, integrados y a temperatura corporal.

Pero es que ese cordón umbilical aspira por definición a romperse. O a ahorcarnos, si nos aferramos en exceso. Tenemos que poner en marcha un nuevo lenguaje y aplicarlo a las informaciones que nos llueven desde todos los puntos. Informaciones que se extienden por el mapa de Internet pero que vienen a decir prácticamente lo mismo siempre: no sabes, no entiendes, céntrate en los asuntos menores, que son los que están a tu alcance…

Son tiempos para el terror. El terror de la palabra que revela una verdad incómoda. Una realidad en la que figuramos, despojados de pantallas lobotomizadoras y avergonzados por lo que dejamos que ocurra. Tiempos, en definitiva, para que más de uno se lleve un buen susto. Porque esto sí que nadie se lo espera.

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Sobre las Reinas Magas

reinas magasHa habido mucho revuelo con esto de las Reinas Magas. Podríamos abrir un debate sobre la igualdad de género en el ámbito de la magia, rasgarnos las vestiduras afirmando que la cabalgata de Valencia ha sido un asesinato al imaginario infantil, etc. Pero, por aportar algo diferente que no siembre ruido ni crispación, querría recordar una anécdota de mi infancia:

Tendría yo unos siete u ocho años. Era día de Reyes, sobre las dos de la tarde y, no sé muy bien por qué, andaba yo husmeando en el cuarto de mis padres cuando, al abrir un armario, vi un enorme regalo envuelto. Mis padres, que debían de andar cerca, improvisaron: “¡Mira, Andrés, los Reyes te han dejado el regalo en este armario! ¡Mira qué bien, ya tienes uno más!”

Y, contento por haber conseguido un regalo que no me esperaba, no me hice muchas preguntas. No era precisamente el momento: ¿quién se hace preguntas cuando tiene siete años y obtiene un regalo adicional a las dos de la tarde?

Y todo esto viene a cuento porque si en algo consiste el mito de los Reyes Magos es en la capacidad de los niños para creerse el cuento. Que los Reyes lleven calzones, bragas o no lleven nada no suele interesarles. Como mucho, que arrojen suficientes caramelos. Son cosas de estos enanos, que no se han hecho lo suficientemente gilipollas como para que se les considere adultos y que tienen esa lucidez que permite relativizar lo superfluo.

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Entrevista con JL. Valenzuela en Ondaluz

valenzuelaEl periodista y amigo Juan Luis Valenzuela me invitó hace unos días a una entrevista en Ondaluz (para toda Andalucía). Por ahora no he sido capaz de “colgar” la entrevista para que pueda verse con un clic, pero en este enlace puede verse en su totalidad. Si estáis cansados de ver “Qué bello es vivir”, podéis alternar con este otro ansiolítico.

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¡Espabila, estúpido!

Businessman Wearing Cape --- Image by © Royalty-Free/Corbis
Businessman Wearing Cape Image by © Royalty-Free/Corbis

 

Nuestra ministra dice que ha bajado el paro. Es cierto: el paro baja y el empleo, también. Pero escoge prestar atención solo a lo primero. No tengas en cuenta que la desindustrialización (el made in Taiwan como paradigma), la automatización (esas máquinas tan graciosas) y el estancamiento económico han convertido la situación de excepción actual en una tónica invariable. Olvida, esfuérzate en ello, que la principal razón para que algo baje es que haya subido mucho previamente. Ignora que en Europa y Estados Unidos la recuperación es una sustitución de trabajo por trabajos: el autobús te llevará desde tu primer curro de 300 euros al segundo de 400. Al final de la noche podrás mirarte al espejo y, olvidando el tajo de los impuestos (hay que financiar la democracia), considerarte un emprendedor. Cualquier cosa menos quedarte en casa. Serás el nuevo vendedor de cerillas, o el campesino que siega y recoge en los buenos tiempos, guardando para cuando el temporal o la sequía acaben con los frutos de la tierra. Para esto ese Máster, ese inglés, esos esfuerzos universitarios tuyos y los de tus padres. Para tener que coger la maleta e irte al frío, a vivir esa “movilidad internacional” que, algún día, te haga volver para ser un marajá de provincias, repleto de anécdotas para relatar a tus alumnos, a tus subordinados, a tus amantes, a tus nietos. Este nuevo mundo, tan pequeño ahora, requiere personas más maduras y prestas al liderazgo, al emprendimiento y, sobre todo, a la adaptabilidad: aprenderás a sacar lo bueno de todo. Un buen ciudadano no es un llorica con exigencias anticuadas, sino una persona responsable que sabe gestionar sus gastos y cargar con las consecuencias de sus errores. Como han hecho el resto de las instituciones y colectivos de su sociedad durante estos años. A moverte y a buscarte la vida, que ya hemos aguantado mucho tus súplicas. Y no se te ocurra pensar que pueda haber alternativa: una sola mirada a la oposición debería convencerte de que también somos nosotros.

 

Publicado en el diario gratuito Viva Málaga