Categoría

Otras cosas

Otras cosas

Cuidado con los Trending Topic

captura-de-pantalla-2013-04-08-a-las-11-41-07-pmMe ha pasado como otros días y he puesto el despertador por la noche con unas expectativas que a la mañana siguiente no podían cumplirse: me duermo más rato del planificado. Y me levanto con el mismo pijama de siempre. Dos constantes en una.

El pasillo me ve pasar (que esa es su función) y llego a la cocina. Una amplia mesa da cabida a una radio, a unas marcas de café y a un pequeño portátil. Mientras me preparo mi dosis de cafeína con sabor de mañana, me conecto a Internet entre remordimientos, pues es muy tarde aunque nadie me espera en ninguna parte. En principio.

En esto, que cuando entro en la maldita red de Twitter, que no me gusta pero de la que dependo en cierto modo, descubro que soy Trending Topic.

Sí, Trending Topic, lo más de lo más. Figuro el primero entre una lista de hashtags o jashtags –como la Academia Mafiosa de la Lengua decida solidificar el término en nuestro idioma. #Nadalseretira #Chayanneesgay #CoreadelNorteElecciones y #Rajoyesgay, entre otras etiquetas, figuran por debajo de la mía. Parece que la enorme relevancia y la excepcionalidad histórica de estos cuatro ejemplos, entre otros, no es suficiente para superar la frecuencia de visitas a mi nombre y apellidos todos juntos.

Mi mirada se torna borrosa ante tantas frases sobre mí. Todas me suenan y todas utilizan esas palabras con las que yo me describo y que tanto repito. Ante el nudo doble en mi garganta, cierro de golpe el portátil y derramo algo de café encima de este. Es lo más cerca que he estado de mojar el PC en una taza de Marcilla.

Después de quitarme el traje de rayas, salgo a la calle a ver si la resaca del sueño testarudamente prolongado se evapora y puedo volver a mi vida cotidiana. Variable, solitaria, a veces anodina pero, al menos, previsible y manejable. El sueño americano.

Pero las cosas distan de ser normales.

A la salida del portal hay un grupo de señoras con bolsas del Zara que se disponen a seguirme en fila. Deben de ser varios retweets (retuits), pues suben conmigo las escaleras para salir de la urbanización mientras dicen todo el tiempo mi nombre y apellidos en voz alta, junto a alguna información que nadie debería creerse. El portero, que jamás me ha hecho ni puto caso, sale de entre los barrotes de la cancela de salida y se incrusta en el trenecito geriátrico adhiriéndose al jolgorio.

En el kiosko, no me sorprendo al verme en la portada de la mayoría de los periódicos. Me hago con uno de estos y me tapo la cara con él, como un espía post soviético. Me siento en un banco y cierro los ojos. Ese egocentrismo del niño pequeño que al taparse la cara cree desaparecer me posee. Y todo se vuelve borroso…

Despierto frente al portátil, el traje a rayas manchado del café de otra mañana no tan distante, la radio sonando y el portátil calentito. Estoy a punto de introducir el mejor tuit de la Historia de Internet. El que me hará Trending Topic. En dicho tuit, afirmo que el dueño de Zara debería vestir un traje a rayas entre barrotes y limpiarse el culo con papel de periódico hasta acabar en un geriátrico.

Repaso las coincidencias y mando inmediatamente el tuit al carajo. No hay que jugarse la vida por tan pocos caracteres. Además, no me gusta nada cómo me mira el portero de mi urbanización. #Buenasnoches

Otras cosas

Sobre los negocios que triunfan de verdad

tienda-cerradaMe apetece escribir, pero no sé de qué. Desconozco lo que ha pasado en estos años, pero mi creatividad y mi predisposición por crear historias prácticamente han desaparecido. No creo que sea la edad: más bien el agobio que producen la inseguridad laboral, el futuro incierto… O la pereza, circunstancia de más peso aún.

El caso es que iba el otro día por la calle, hacia el metro, como siempre, y se me ocurrió escribir sobre la historia de un hombre que abría una tienda, pero que la había inaugurado para que esta permaneciera cerrada. La gente, sus allegados, aquel que pasaba por el fondo de la escena, no podían entenderlo. ¿Cómo abrir una tienda para mantenerla cerrada? ¿Qué sentido tenía? ¿Acaso pretendía conseguir el Guinness al negocio menos rentable, menos atractivo, más… cerrado?

El caso es que nuestro protagonista perseveró y se defendió afirmando que, a su juicio, no hacía nada ilegal, que pagaría religiosamente sus impuestos y que retribuiría a tiempo a los proveedores. Que ningún cliente quedaría insatisfecho.

Y lo cierto es que lo consiguió. Sin fraude fiscal, todos los papeles en regla y sin quejas de proveedores ni clientes. Solo incomprensión. Una incomprensión generalizada por un establecimiento que más parecía una broma que lo que suelen hacer los creadores de riqueza, esos emprendedores que abren e inauguran locales para comerciar, para servir, para comprar y vender. Para triunfar y para hacer el bien.

Pero nuestro protagonista seguía en sus trece: “yo me propuse abrir una tienda cerrada y la tienda ha abierto. Y cerrada permanece abierta y cumple la función que quise darle”.

Y van pasando los años y la tienda se mantiene: ni graffitis garabateados, ni borrachos sentados vomitando hacia arriba, ni solo un perro se detiene allí para orinar. Es de las pocas tiendas que no sufren desperfectos durante las noches de fiestas. Quizá porque se sabe, se intuye o se sospecha, que en ella hay siempre alguien enormemente atareado: por algo tiene que ser que una tienda cerrada consiga permanecer abierta eternamente.