Categoría

Economía y sociedad

Análisis político Cultura y reseña de libros Economía y sociedad Publicaciones académicas

Cómo se gobierna España

imagen.phpLa Editorial Comares acaba de publicar mi libro “¿Cómo se gobierna España?” Pese a que tardará unos cinco días más en aparecer en las librerías, en Amazon y demás repositorios digitales, quiero hacer una breve reseña de su contenido para comunicar al lector qué puede encontrarse en caso de hacerse con un ejemplar.

El libro es una versión resumida de mi tesis doctoral (“Fundamentos estructurales de los gobiernos democráticos…”), realizada entre el año 2012 y el 2014 en la Universidad de Málaga. La tesis (y el libro) analizan y describen las formas de dominación legal en España en función del partido político en el poder y del contexto económico y social.

Las conclusiones no son especialmente halagueñas: PP y PSOE presentan tantas diferencias como parecidos; si bien cada uno de los partidos recluta a integrantes gubernamentales de diferentes grupos influyentes, ambos hacen lo mismo, es decir, administran el poder durante cuatro años y permiten que determinados grupos de interés se cuelen en la democracia totalmente blanqueados, es decir, legitimados con nuestro voto. Se trata de la banca, como está sucediendo en estos momentos (¿por qué se producen tamaños rescates si no?), pero también de los altos funcionarios (fuertemente ideologizados), de los sindicatos mayoritarios, de los poderes territoriales y de las instituciones de la Unión Europea, entre otros.

De esta forma, una buena parte del ejercicio de gobierno no depende de las decisiones de los electores, sino que hay poderes fácticos que se mantienen presentes independientemente de lo que votemos. Y  cuando lo hacemos y cambiamos al partido en el poder político, solo alcanzamos a modificar los poderes no electorales que de todos modos acaban dominándonos. El gobierno, de izquierdas o de derechas, siempre será gobierno y, por tanto, siempre consistirá en una dominación legal alejada de las formas idílicas de democracia que encontramos en las definiciones del diccionario. Si queremos algo distinto, tendremos que ser primero conscientes de lo que tenemos.

Nada nuevo bajo el sol, ¿no? Pues esto son las ciencias sociales: a veces más sociales que ciencias, dan lugar a investigaciones que producen resultados que las personas inteligentes ya conocen pero que, frecuentemente, no son conscientes de saber. De esta forma, esta contribución al conocimiento social sirve, al menos, para confirmar las sospechas de muchos que, sometidos al bombardeo de los medios, no tienen tiempo para pararse a reflexionar y para ser totalmente conscientes de lo que nos sucede.

Estoy dispuesto a hacer todas las presentaciones, charlas y debates necesarios para divulgar estas ideas. Si estás interesado, puedes enviarme un correo a villenaoliver@gmail.com y estaré encantado de responderte.

Muchas gracias.

Economía y sociedad

¿Salir o no salir del euro?

Este sábado 7 de enero he publicado en Ctxt.es, Contexto y Acción, una entrevista al economista Stuart Medina Miltimore, autor del libro “El Leviatán desencadenado”. En la entrevista tratamos la salida del Euro. Medina es uno de los exponentes españoles de la denominada Teoría Monetaria Moderna. Para este, la soberanía monetaria, contar con un banco central al servicio de un gobierno democrático, permitiría a España salir de esta crisis eterna y rehacer el modelo productivo.

Obviamente hay muchos riesgos y letras pequeñas, pero para eso está el debate. La TMM desbanca viejos mitos de un pasado neoclásico y neoliberal que no ha sido capaz de prever ni la crisis ni su desarrollo, todavía en curso.

Os dejo aquí el enlace y os invito a participar en el foro y a preguntar cualquier cosa que os interese o que no entendáis. Gracias a todos y feliz 2017.

 

Análisis político Economía y sociedad

Por qué la desigualdad ya no es solo un grito de la izquierda

4189_FotoGaleria_7655_0Wilfredo Pareto fue una de las mentes más preclaras de la economía clásica. Enemigo del proteccionismo, sociólogo y economista, este descendiente de familia aristocrática consideraba que la sociedad tendía siempre al equilibrio, de tal modo que las alteraciones jugaban al final un papel al servicio de la estabilidad

La desigualdad era un rasgo inherente a una sociedad formada por seres humanos diferentes en sus instintos y capacidades naturales. Por eso, junto a otros economistas clásicos, Pareto rechazaba la intervención redistributiva del Estado para acabar con la pobreza. Debía primar la eficiencia sobre la equidad, como demostró Edgeworth, y el crecimiento favorecería a la mayoría de la población.

¿Nos hemos pasado?

Dada la fuerza de la visión dominante de la economía, por lo menos, hasta la década de los treinta (con el crash y el shock de la teoría keynesiana), la lucha contra la desigualdad fue un grito constante de las izquierdas comunistas, socialdemócratas e incluso anarquistas, que apelaban a la ya olvidada lucha de clases. Las dos grandes guerras dieron lugar a un período de redistribución obligada (como forma de contener la amenaza soviética y de reconstruir las naciones más avanzadas), que en los años ochenta finalizó y fue sucedido por un período de tendencia opuesta que llega hasta nuestros días. Pero las cosas podrían haber ido demasiado lejos, ya que la desigualdad no es solo ya el lema de la izquierda sino que también preocupa a los principales organismos internacionales, dado su efecto limitador sobre el crecimiento de la economía.

Enfoque de demanda…

Desde el inicio de la crisis hemos podido leer informes y artículos de economistas más o menos heterodoxos que alertan de los efectos de la desigualdad sobre la denominada demanda agregada y sobre el crecimiento. Este enfoque considera que las desigualdades crecientes reducen la capacidad de consumo e inversión de la mayor parte de la población (con un gasto público en retroceso); como la riqueza se concentra en cada vez menos manos, los ciudadanos más acaudalados no encuentran incentivos para invertir en una economía estancada en la que la gente, desempleada y precaria, apenas compra, por lo que redirigen sus inversiones hacia negocios financieros que provocan inestabilidad sistémica (los fondos de inversión, por ejemplo).

…y enfoque de oferta

Pero esta denuncia de la desigualdad ya no es solo cosa de Premios Nobel como Paul Krugman o Joseph Stitglitz. Tanto el Fondo Monetario Internacional como la OCDE han alertado en varias ocasiones sobre los riesgos que suponen los niveles de desigualdad adquiridos a lo largo de los últimos años. Y quizá lo más interesante es que lo hagan desde una perspectiva de oferta económica: en este sentido, las desigualdades afectan al sector poblacional de menores ingresos que, con una mermada capacidad para invertir en su formación, arrastran hacia abajo tanto el capital humano como la productividad de las naciones en un contexto de creciente competitividad. Un dato no revelado por estos estudios es que dichas desigualdades implican también una menor inversión en cuidados sanitarios, por lo que junto a los desincentivos a la formación, los más pobres se encuentran en peores condiciones físicas y psicológicas para aportar al crecimiento total de la economía. Como consecuencia de estos hechos, la movilidad social ascendente queda estancada y se incrementa una percepción de inmovilidad e injusticia que puede favorecer diversos tipos de conductas antidemocráticas y delictivas. El desencanto, la anomia y la pasividad son algunos de los rasgos individuales de las crisis democráticas que estamos experimentando en esta década.

Crecer todos juntos

Si bien las ciencias sociales en general han considerado determinados niveles de desigualdad como incentivos para el esfuerzo individual (no es conveniente que un cirujano ingrese lo mismo que un auxiliar administrativo, con todo el respeto hacia ambas profesiones), todo parece indicar que las líneas rojas habrían quedado bastante rebasadas. Para la OCDE, un incremento en un 1% de los ingresos del 20% de la población más rica de un país supone una caída del PIB en un 0,08%; sin embargo, un aumento en un 1% del 20% más pobre impulsa el PIB un 0,38%. Una posible razón para explicar estas relaciones es que las personas con economías más humildes tienen una menor tendencia al ahorro, lo que lleva a que una mayor redistribución de la riqueza redunde con rapidez en el consumo, en el empleo y en el crecimiento de la economía, aunque estos efectos dependen del grado de desarrollo del país en cuestión.

Se busca…

¿Qué se debería hacer para solucionar esta situación? La complejidad de una reforma fiscal en una economía global y tecnológicamente interconectada merecería un artículo aparte. No obstante, conviene subrayar que la preocupación por parte de quienes promueven reformas de austeridad por las crecientes desigualdades no es pequeña y apunta a una cierta naturaleza autodestructiva del capitalismo. Los excesos de desigualdad generan economías incontroladas y explosivas; las consecuencias políticas no son precisamente despreciables, incluso las climáticas. La cohesión social no es solo un imperativo moral sino que también debería figurar como uno de los cimientos del sistema capitalista. Así lo entendió la socialdemocracia desde 1945; dado que esta se encuentra ausente de los centros decisorios, se buscan estadistas e intelectuales que se atrevan a salvarnos del desastre social.

Artículo publicado originalmente en Bez Noticias

Análisis político Economía y sociedad

Los grupos de poder presionan para la rápida formación de Gobierno

Foto ClarínLos resultados del 20-D dejan el complicado sudoku como un juego de niños. Conforme pasan los días, las declaraciones de algunos políticos transmiten que los acuerdos de gobierno son cada vez más difíciles. La democracia española transita hacia escenarios de incertidumbre, continua negociación y una recurrente inestabilidad política. Pero los hay que tienen una ineludible prisa: grandes empresas, líderes patronales y ex ministros urgen a los partidos a firmar un “pacto de Estado”.

Primero fue el Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC), órgano representante de las grandes empresas del IBEX-35, el que rehusó reunirse el pasado martes con el objetivo de evitar hacer declaraciones sobre los resultados de los comicios generales. Podemos había dado la gran sorpresa con la consecución de 69 diputados, y la suma del partido centrista Ciudadanos con cada una de las dos formaciones tradicionales por separado no servía para garantizar ninguna forma de Gobierno estable. El caos político y mediático y, con ello, la incertidumbre de los inversores (manifiesto en el comportamiento del índice bursátil español) estaban garantizados.

Pesos pesados de la política

El pasado miércoles la portada del diario económico Expansión reflejaba el sentir de una parte de la élite política y empresarial española a través de una serie de ex ministros de UCD, PSOE y PP que pedían a los principales partidos un “pacto de Estado” para hacer frente a los retos más inmediatos del país: las reformas pendientes de la economía española (déficit, mercado laboral, etc.), el desafío catalán y, aunque no se manifestase explícitamente, la necesidad de hacer frente de modo contundente a la nueva oposición representada por Podemos.

En este sentido se pronunciaban ex ministros como Carlos Solchaga (Industria y Economía con Felipe González), Eduardo Serra (un político trasversal al haber sido alto cargo de los gobiernos de Suárez, Calvo-Sotelo, González y Aznar), Luis Carlos Croissier (Industria con González), Javier Gómez Navarro (Comercio y Turismo, también con el PSOE), Rafael Arias Salgado (Presidencia y Administración Territorial con UCD, Fomento con el PP), José Luis Corcuera (Interior con Felipe González), Valeriano Gómez (Trabajo con Rodríguez Zapatero), Jaime Mayor Oreja (Interior con Aznar) y Juan Miguel Villar Mir (Hacienda y vicepresidente económico de Arias Navarro), entre otros.

Al no tratarse de un manifiesto, lo expresado por estos ex altos cargos, muchos de ellos agrupados en la Fundación España Constitucional, puede aplicarse a otros antiguos dirigentes que, como Felipe González, han expresado en el pasado la necesidad de la organización de grandes coaliciones para hacer frente a los cambios en la composición del Congreso de los Diputados y a los desafíos planteados por la crisis financiera.

Estos dirigentes no son solo pesos pesados de la política. La mayoría de ellos forma parte de los consejos de administración de grandes empresas del Ibex-35, de multinacionales y de las entidades financieras más importantes del país. Su perfil híbrido los convierte en puntos de comunicación entre las instituciones más importantes del país, por lo que lo expresado podría representar el sentir de esa minoría tecnocrática que, de manera manifiesta o latente, acaba conduciendo o influyendo decisivamente en el rumbo adoptado por casi todos los Gobiernos existentes en el mundo.

Por encima de lo democrático

Este lobby informal subraya la necesidad de olvidar determinados intereses partidistas y solucionar los problemas para que España siga atrayendo inversiones en un contexto de recuperación débil y casi estancada. En una economía nacional tan endeudada como la española, el incremento del PIB, la creación de empleo y la rendición de cuentas ante los organismos internacionales constituyen una evaluación continua que puede llegar a tener más importancia que los propios acuerdos democráticos. Y las llamadas a la responsabilidad nacional, la composición tecnocrática de los Gobiernos y las decisiones poco populares pero pragmáticas acabarán siendo poco menos que inevitables.

En una encrucijada

Lo que no queda tan claro es el papel del PSOE como pieza clave para la construcción, por activa o por pasiva, de un Gobierno de coalición para acometer las reformas.

El partido dirigido por Pedro Sánchez teme la tan aireada identificación PP-PSOE (o “PPSOE”), letanía del 15-M y caldo de cultivo para el nacimiento de Podemos. Los de Pablo Iglesias, de apariencia radical pero, tras la rendición griega, con una actitud prudente de cara al Gobierno, se verían beneficiados al constituirse como “la verdadera oposición”, y sin tener que ejercer grandes responsabilidades políticas o de gestión.

Los socialistas se ven como los únicos actores políticos que podrían salir perdiendo de este tipo de acuerdos nacionales. Y por esta razón, barones regionales, jarrones chinos, vieja guardia y dirigentes actuales no encuentran la manera de ponerse de acuerdo para dar el siguiente paso. Las elecciones anticipadas tampoco parecen ser la mejor salida, por lo que el resultado final será doloroso, arriesgado y aspirará a ser el menos malo de todos los posibles para el Partido Socialista.

Algo más que depositar un voto

Todo parece indicar que la democracia española va mucho más allá del simple ejercicio del voto. Los actores gubernamentales deciden soberanamente y cuentan con el monopolio del Boletín Oficial del Estado, pero han de escuchar también la opinión de los grandes consorcios empresariales, de los sindicales y de otras instituciones que tienen su sede dentro y fuera del país. Por algo existen las puertas giratorias, que no responden solo al interés individual por procurarse un ascenso profesional o un retiro privilegiado, sino que además representan un perfecto lubricante para que las piezas del sistema se mantengan bien engrasadas.

Todas estas manifestaciones reflejan el ejercicio de una democracia restringida en la que la estabilidad económica y política tiende a pesar sobre los anhelos de democratización, transparencia, rendición de cuentas y nuevos equilibrios que los españoles vienen demandando a lo largo de estos últimos años. La élite política tiene el reto de satisfacer a ambas partes respondiendo a las nuevas demandas y creando las condiciones de bienestar económico que hagan posible profundizar en un camino democrático al que todavía le resta bastante recorrido. Eso sí sería un digno ejercicio de “responsabilidad nacional”.

 

Leer artículo en Bez Noticias

Análisis político Economía y sociedad Sin categoría

El TTIP, ¿un tratado para gobernarlos a todos?

foto bez1Seguro que en alguna de estas cenas navideñas o prenavideñas has terminando coincidiendo con tus amigos, familiares o compañeros de trabajo en que una España con menos trabas burocráticas sería un destino más atractivo para las inversiones y, con ello, para el crecimiento económico. Existen pocas dudas de que esto sea cierto: imaginar un territorio en el que invertir no solo se permite sino que se incentiva oponer pocos inconvenientes. Pero frecuentemente y, sobre todo, cuando queremos abarcar grandes áreas geográficas, estas situaciones ideales (propias de los modelos económicos) brillan por su ausencia.

Como aplicación de esta regla general, los debates que han tenido lugar acerca del denominado Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, en inglés), muestran una compleja problemática, un conjunto de luces y sombras que produce mucha incertidumbre. Dado que los ciudadanos tendemos a prestar atención, como afirmaba en los años cincuenta el sociólogo Wright Mills, a las informaciones que sirven para confirmar nuestros propios perjuicios, corremos el riesgo de escoger dos opciones peligrosas: la primera, la del portavoz de una empresa multinacional, que insiste en que no hay alternativa a un tratado obligatorio y casi natural; la segunda, la del panfleto político que denuncia la legitimación de otro nuevo retroceso social contra el que hay que combatir. Por estas razones, procede dedicar un breve espacio a las razones, ventajas e inconvenientes planteados por el mencionado tratado en ciernes.

No está el horno para…

En una fase económica de estancamiento secular, en la que las naciones occidentales no han sido capaces de encontrar recursos para poder salir de la crisis de manera convincente (y ahí están las cifras de paro en nuestro país), no es extraño que las altas instancias internacionales planteen alternativas para mejorar el clima inversor y, con esto, dar un fuerte empuje a la economía. Así viene siendo desde que a finales de los años setenta y durante las décadas siguientes, las políticas públicas más extendidas fueran aquellas que trataban de convertir a los Estados en los mejores destinos para la realización de inversiones nacionales e internacionales. La doctrina de la globalización y la de la movilidad de los capitales terminaron por imponerse, demandando la supresión de las trabas burocráticas, determinados regímenes fiscales disuasorios o acuerdos laborales que encarecieran el coste de la mano de obra. De esta forma, las naciones así liberalizadas recibirían más inversiones, lo cual repercutiría en una acumulación de riqueza que terminaría beneficiando a todas las capas sociales. Era el trickle down economics, uno de los cimientos del denominado neoliberalismo político y económico que, con matices, rige las principales líneas de la política económica en las naciones occidentales hoy en día.

Por qué nos conviene el TTIP

El tratado TTIP juega un papel complementario a las reformas aplicadas durante las décadas previas pero con algunas modificaciones: en primer lugar, se plantea en un período en el que muchas economías nacionales (como la española) están fuertemente apalancadas y no han encontrado la manera de salir de las trampas de deuda en las que, por razones diversas, cayeron en los años anteriores; en segundo lugar, llevaría a la constitución de una zona comercial que, entre la Unión Europea y los Estados Unidos, englobaría un mercado de unos 850 millones de consumidores, lo que implica un innegable y enorme potencial de creación de riqueza e intercambio; en tercer lugar, la oportunidad de crear esta gigantesca área podría favorecer un principio de proyecto occidental común, en un momento en el que potencias como China y la India experimentan cifras de crecimiento muy superiores y, en la mayoría de los casos, reflejan un respeto de los derechos humanos algo más que deficiente.

Observados estos factores, todo parece indicar que la mayoría de las disposiciones de este tratado serán aprobadas. Y de que este traerá algunos beneficios y oportunidades de negocio: incremento de un comercio con menos trabas, más inversiones, nuevos puestos de trabajo… En un mundo marcado por las nuevas tecnologías, un tratado de este calibre potenciaría la idea de que el planeta se ha vuelto accesiblemente pequeño y de que podemos vivir distintas realidades con un solo clic, con un billete de avión relativamente barato o con determinados intercambios menos controlados o tasados. La intensificación del proceso globalizador no se limita al comercio, sino que asimismo implica el intercambio y la comunión entre las culturas. Este mundo en continua comunión puede dar lugar también a nuevos sentimientos, identidades y proyectos que acaben sorprendiéndonos positivamente.

Las sombras…

Pero, como en todo proyecto con múltiples intereses implicados, no todo va a ser luces. La marcada opacidad de las negociaciones –que ha llevado a la denuncia por parte de distintos organismos especializados-, la preeminencia de los lobbies corporativos y el protagonismo de las multinacionales y de sus intermediarios con los gobiernos democráticos siembran muchas dudas y promueven el piensa mal y acertarás.

La primera, la más importante y la más genérica de las notas negativas se resume en un cierto determinismo comercial e inversor que actúa como la prueba del algodón de la política a aplicar: si una disposición incrementa las inversiones, si facilita el comercio y los intercambios y si promueve a medio plazo el crecimiento, es buena y debe aprobarse, cueste lo que cueste. Incluso desde la ideologizada ciencia económica existen muchos ejemplos que reducen esta máxima a la categoría de aberración social.

… son alargadas

Este imperativo comercializador amenaza el estatus de determinados bienes y servicios que como el agua, la sanidad y la educación, no deberían sobrepasar nunca una determinada barrera como la que se cierne sobre ellos. Legitimar la posibilidad de privatizarlos sería dar un paso de gigante al que no se atrevieron los gobernantes más atrevidos del pasado.

Otro aspecto preocupante hace referencia a la existencia de un tribunal de arbitraje entre las empresas y los Estados, el ISDS (en sus siglas en inglés), que se encargaría de dirimir los litigios entre ambas partes. Por ejemplo, la aprobación de una normativa parlamentaria en España que limitase los beneficios de una multinacional para proteger a los consumidores podría ser objeto de una denuncia por parte de una determinada empresa que se considerase perjudicada. La cuestión aquí sería saber quién conformaría estos tribunales, de dónde procederían los jueces y por quiénes serían asesorados. Y qué grado de transparencia se daría a este tipo de procesos. El imperativo de la ceguera de la justicia podría quedar fuertemente dañado si todo sigue como está previsto.

Incrementar las relaciones comerciales con los Estados Unidos (donde los latinos son cada vez más influyentes) puede dar a España la posibilidad de negociar con una gran nación en un momento en el que tanto ejecutivos como políticos alemanes dejan escapar la cantinela de la Europa a dos velocidades. Pero esta posibilidad tiene también un coste: la uniformización de los criterios legislativos podría llevarnos a regirnos por las mismas normativas laborales que los norteamericanos…

En definitiva, el TTIP representa una nueva área de comercio e inversiones en un período de decadencia de un Occidente que continúa promoviendo salidas de cierto interés. Grandes oportunidades comerciales y empresariales que alternan su brillo con las amenazas al medio ambiente, a los derechos sociales y a otros bienes públicos, como la protección de los datos personales, del consumidor o del medio ambiente. Haría falta un buen ejercicio de información periódica y de discusión por parte de expertos de distintas orientaciones para que pudiéramos inclinarnos a aceptar o a negarnos a este nuevo desafío. Como seguramente permaneceremos en la carta de ajuste, desde bez.es proponemos el siguiente interrogante: ¿Son las inversiones la condición última para la existencia de una democracia avanzada o bien debemos trabajar por una sociedad cada vez más democrática que, además, sea capaz de recibir una cuantía adecuada de inversiones?

Leer artículo en Bez Noticias

Análisis político Economía y sociedad Sociedad y cultura

Entrevista con JL. Valenzuela en Ondaluz

valenzuelaEl periodista y amigo Juan Luis Valenzuela me invitó hace unos días a una entrevista en Ondaluz (para toda Andalucía). Por ahora no he sido capaz de “colgar” la entrevista para que pueda verse con un clic, pero en este enlace puede verse en su totalidad. Si estáis cansados de ver “Qué bello es vivir”, podéis alternar con este otro ansiolítico.

Análisis político Economía y sociedad

¿Quién le pondrá el cascabel al gato?

3494_FotoGaleria_17670_0Pese a que todo queda pendiente de los pactos, una conclusión parece clara: los comicios generales han fulminado el bipartidismo. Y han dejado, en su lugar, una nueva conformación parlamentaria que obligará a un ejercicio político marcadamente distinto. La fuerte irrupción de Podemos como partido de oposición radical, además de la aparición en el Congreso de Ciudadanos, van a condicionar las decisiones de los próximos cuatro años de maneras muy diversas.

La forma y el contenido de estas se van a ver sensiblemente transformados, de modo que la denominada “nueva política”, con sus aciertos, sus errores y sus ingenuidades, va a ser al final cosa de todos. En este sentido, la coalición que gobierne el país a partir del mes que viene se verá obligada a una continua rendición de cuentas sobre las reformas legales, los datos económicos y las relaciones entre los distintos poderes que constituyen toda democracia digna de este nombre. Una nueva etapa política de diálogo obligado y de evaluación continua.

El mantra de la transparencia

Imposible el corte de mangas a Bruselas –restructuración, quita multilateral o unilateral de la deuda, auditoría pública, etc.-, el margen para hacer las cosas de otra forma se ha visto sensiblemente reducido desde el derrumbe griego de los últimos años. Por esta razón, la transparencia política probablemente será la nota predominante y, al mismo tiempo, el eslogan gubernamental de los próximos años: la mayoría de los cambios políticos relevantes tendrán lugar por esta vía. Lejos de limitarse a la publicación de los ingresos y activos de nuestros representantes, este nuevo estilo conducirá probablemente a una repolitización de la vida cotidiana: los nuevos equilibrios parlamentarios y los intereses de determinados medios de comunicación por hacer de la política-espectáculo un contenido nuclear del prime-time nos mantendrán mucho más al día de las decisiones que se adopten en el Ejecutivo y el Legislativo. Pero con la virtud siempre llegará el vicio: la espectacularización del enfoque conllevará una mirada superficial en la que la noticia se diluirá entre detalles poco relevantes para nuestras vidas.

La Administración y la revolución permanente

Independientemente de la orientación ideológica de los nuevos mandatarios, el Estado siempre podrá reducir sus gastos. Ciudadanos tiene el deber de rentabilizar su promesa de pinchazo de la “burbuja política”, y Podemos presionará, en cambio, para el refuerzo de los servicios públicos del Estado del bienestar. Sumidos en una ligera contradicción, los ciudadanos españoles expresamos cierto malestar por el relativamente alto número de funcionarios y, al mismo tiempo, demandamos más puestos públicos de calidad, así como el refuerzo de las plantillas de médicos, maestros, profesores y educadores. En este sentido, debería tomarse conciencia de la existencia de élites administrativas que presionan por intereses corporativos que no tienen por qué coincidir con los de los ciudadanos, y que también pueden limitarse. ¿Se mencionará durante estos años la importancia de los Abogados del Estado, de los Economistas estatales, de los Técnicos de la Administración Civil, de los Diplomáticos y de los Inspectores de Hacienda, entre otros? Dada la importancia en algunos de los grandes partidos de estos cuerpos funcionariales, es de esperar que sus intereses elitistas sigan siendo una tónica dentro de la Administración: un poder gris y poco televisivo que seguirá probablemente en el anonimato, ejerciendo una notable influencia.

Pero la Administración no se limita, ni mucho menos, al Estado central. Este tendrá que lidiar con ejecutivos autonómicos y municipales en muchas ocasiones de distinto signo político para adoptar decisiones eficientes y socialmente beneficiosas. En este sentido, se debería destacar la reducción del gasto público lograda por los nuevos ayuntamientos del cambio, siempre según las últimas cifras publicadas por estos. No obstante, la simplificación burocrática, la armonización fiscal y la presentación de oportunidades atractivas para emprendedores y creadores de riqueza nacionales y extranjeros debería ser una prioridad si se quiere conseguir un crecimiento económico que se deba a algo más que al euro y al petróleo barato en este período de estancamiento secular. Estos cambios legales generarían confianza nacional e internacional, lo que repercutiría en un incremento de inversiones beneficiosas. En este sentido, Cataluña representa un auténtico polvorín que necesita que alguien termine de mojarse: además de un eterno desafío, la autonomía-nación catalana representa un caso extremo de la generación de externalidades negativas a partir de malas decisiones políticas por parte de ambas partes. Los nuevos tiempos demandan un cambio constitucional que regenere un Estado inclusivo actualizando y dando cabida a todas las sensibilidades pero que, al mismo tiempo, siga manteniendo la idea de España como proyecto común, serio y fiable.

La separación de poderes como la parte del león

Uno de los mayores motivos de protesta a lo largo de los últimos años ha sido el de la percepción de triangulaciones de poder que escapaban a las definiciones teóricas de la democracia. Los casos más flagrantes han sucedido entre la política, la justicia y la gran empresa. Respecto a la primera combinación, si bien los jueces constituyen un colectivo mayoritariamente conservador y político por sí mismo, las injerencias sobre este pilar democrático nos alejan de una democracia ejemplar, con los casos ERE y Gürtel como algunos de los más sonados. En este sentido, será crucial comprobar si las nuevas fuerzas (Podemos y Ciudadanos) aspiran a la eliminación de las instituciones politizadoras de la justicia (la virtud) o si bien pretenden conseguir una cuota en ellas equivalente a su participación parlamentaria (el vicio).

Respecto a la segunda combinación, un punto donde probablemente más resuena el adanismo de la nueva política es el del repudio de las denominadas puertas giratorias o “revolving doors”. La regulación, publicación e información acerca de estos movimientos debe ser estricta, pero pretender erradicar el intercambio de decisores clave entre el Estado y las grandes entidades privadas implica desconocer el funcionamiento del capitalismo tecnológico: la “tecnoestructura”, o conjunto de funcionarios públicos y privados que rigen los destinos de los estados capitalistas es una realidad que tiene ya casi cien años y unas pocas limitaciones a los cambios de medio institucional no lograrán frenarla. Las puertas giratorias no son la causa de la denominada corrupción legal, sino la consecuencia de la limitada democracia que habitamos, en la que pequeñas minorías adoptan las decisiones más importantes para todos y los ciudadanos permanecemos pasivos y, peor aún, entretenidos.

Pero no todo van a ser deberes para nuestros representantes: los cambios también hay que merecerlos. Querer más democracia pasa por educarse e informarse mejor, por discutir sobre lo importante y por escuchar también lo que no nos gusta oír. En esta legislatura de cambios no solo debería hablarse de derechos sino también de deberes. La política es un reflejo de la sociedad y no hay ciudadanos dignos que se dejen secuestrar por élites corruptas sin al menos presentar una gran batalla. Lo vamos a ver pronto, porque en pocos días empieza una legislatura nueva e ilusionante. A sus puestos.

Leer el artículo original en Bez Noticias

Economía y sociedad

Fondos de inversión colectiva: la paradoja del ahorrador alienado

ahorros_2Jaime tiene una situación económica estable y está pensando qué hacer con unos ahorrillos que acumuló durante los años anteriores. No es muy dado a los viajes a las Bahamas, va en autobús y es una persona solvente. Su amigo, Roberto, de carácter extrovertido y bueno para los negocios, le ha aconsejado invertir en el fondo de inversión Asdrúbal. Rentabilidad, liquidez y riesgo casi inexistente, se repite Jaime antes de dormir ese día. Pero Asdrúbal no duerme: durante esa noche ya ha invertido el dinero de Jaime y el de muchos otros ahorradores en distintos activos bursátiles, así como en otros vehículos financieros más complejos. Asdrúbal y unos primos suyos han ganado mucho dinero en las crisis de la deuda pública de los países de Europa del Sur. Hace algunos años, Jaime escuchó por la radio que la edad de jubilación se prolongaría y que su salario decrecería para cumplir con el objetivo de déficit. Malditos especuladores, se quejó entonces. Pero su vehículo de ahorro es precisamente uno de esos. ¿Cómo es posible que se produzca esta paradoja, este desdoblamiento de actores económicos?

Cambios a toda velocidad

Todo esto tiene que ver con una etapa reciente en la que se han producido muchos cambios simultáneos: la globalización, la revolución tecnológica y el desarrollo de las finanzas han dado lugar a una arquitectura de productos financieros un tanto difícil de entender. Para tratar de hacernos una idea, el libro del profesor Iago Santos Castroviejo, La élite del poder económico en España, subraya el auge de los denominados fondos de inversión colectiva, vehículos de ahorro entre los que destacan los fondos de pensiones y los de inversión, entre otros, pero cuya diversidad se expande hasta dar lugar a una casuística compleja en la que pueden aparecer grandes gestores de activos financieros de diverso tipo. En España, dada la importancia estatal en el sistema de pensiones, este tipo de fondos tiene un protagonismo marginal, que no supera el 2% de las participaciones en las empresas cotizadas. Los más importantes son los norteamericanos y los ingleses, junto con algunos franceses y alemanes.

No son para tomárselos precisamente a broma: nutridos por el dinero de muchos trabajadores y ahorradores, pero también de familias ricas –que pueden optar por otros vehículos como las SICAV, de actualidad por las promesas electorales realizadas al respecto-, estos fondos de inversión se diversifican por todo el planeta, adquiriendo pequeñas participaciones de grandes empresas. Trabajan con un horizonte de medio plazo y suelen comprar para vender tres años después. Y nunca ocupan una silla en el consejo de administración de las entidades participadas: no quieren hacer ruido, pues vender una participación en una empresa formando parte del consejo sería sancionado como uso de información privilegiada. Pero pese a no copar los consejos de las empresas y ser, por tanto, menos visibles, son enormemente influyentes: ejercen lo que el profesor Santos Castroviejo denomina “un control remoto” sobre los demás agentes económicos: celebran encuentros informativos y reuniones con grandes inversores, con responsables de empresas, e incluso con ejecutivos nacionales. En una crisis de deuda todas las agencias públicas y privadas quieren parecer enormemente atractivas a estos omnipresentes actores.

El control de las empresas mundiales

Su política de inversiones y su intención de diversificar al máximo el riesgo les lleva a estar presentes en todos los puntos económicos clave. Por esta razón, las redes de grandes empresas nacionales, en proceso de dispersión desde los años ochenta –como comentábamos en una crónica anterior-, se corresponden con la existencia de una red empresarial mundial en la que un reducido número de fondos de inversión controla la mayoría de las entidades. No es una exageración: en 2011, tres científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH) descubrieron un núcleo de 1.318 corporaciones que controla las 43.000 empresas trasnacionales más importantes del planeta; entre estas 1.318 localizaron un súper núcleo financiero de 147 enormemente interconectadas. Son las responsables de grandes procesos de inversión y desinversión mundial, de creación de empleo e incluso de grandes recesiones económicas. Su alto grado de conexión mutua las ha convertido en entidades sistémicas. Un fallo en uno de estos fondos puede traer consigo todo un tsunami financiero que, en gran parte, pagaríamos de nuestros bolsillos, como se ha comprobado en fechas recientes. En este sentido, representan la verdadera clase dominante a nivel global, pero de rostros bastante poco conocidos. Uno de estos fondos y gestores de activos es BlackRock, más que presente en las empresas del Ibex y en cientos de miles de trasnacionales. Da auténtico vértigo.

Un mundo menos estable

Que el dinero de estos fondos salga, en última medida, de nuestros bolsillos y llegue tan lejos representa una cierta paradoja. La alienación del individuo se manifiesta en estas fórmulas de ahorro: el producto del trabajo se separa de su poseedor y se reenvía a miles de kilómetros, convirtiéndose en algo que ya no le pertenece y que puede actuar contra este. En William Wilson, Edgar Allan Poe resuelve un caso de desdoblamiento de personalidad con una pelea de esgrima entre los dos dobles; al final, el doppelgänger que representa la conciencia fallece y, con él, todo vestigio de escrúpulos del protagonista, que volverá a las andadas, engañando y apostando. Si nuestros líderes nacionales y mundiales no centran el debate económico en estas entidades sistémicas (y sistemáticamente arriesgadas), la progresiva concentración de riesgos se materializará en un mundo cada vez menos estable. En todos los sentidos.

Leer el artículo original en Bez Noticias

Economía y sociedad Vida cotidiana y postureo

Cuando el Leviatán ya no es solo el Estado

Tres24.Leviatán2Tengo un amigo que se llama “Tomás” (hemos decidido que el nombre verdadero no se sepa). Tomás vive en un pueblo de Vigo y hasta hace poco tenía conexión a Internet con una conocida operadora telefónica, antes pública y ahora privada e infestada de ex ministros y políticos de todo tipo (espero que se siga manteniendo la confidencialidad). El caso es que a Tomás lo llaman un día para decirle que la conexión se va a cortar porque su casa se encuentra relativamente aislada y, con eso, una explicación interminable sobre postes de electricidad y repetidores que ni siquiera he querido escuchar yo de mi amigo.

Total, que hace frío, se pasa mucho tiempo en casa y no tiene Internet. Y está muy cabreado. No puede hacer nada contra la compañía. Sufre indefensión. Solo puede hablar por teléfono y me cuenta que está luchando contra ese monstruo, el Leviatán, utilizado por los liberales para representar un Estado híper burocratizado y tiránico, enemigo de la individualidad. Y me dice algo que resulta enormemente inspirador: “Esto es mucho peor que luchar contra el Estado, porque al menos en esos casos tus derechos están regulados y las responsabilidades definidas; aquí no, aquí hacen casi lo que quieren si no te das cuenta. Intentan cobrarte de más siempre y llegan a acuerdos con el gobierno para que les permitan más y más cosas”. Al lado del mito del libre mercado y la competencia, los Reyes Magos parecen una obra de realismo absolutamente veraz.

Mi amigo, que parece uno de esos protagonistas de las películas de Adolfo Aristaráin luchando contra la corporación Tulsaco, ha encontrado una solución que quiere hacer valer a toda costa: va a cambiar el número de su casa para que la compañía tenga que instalarle Internet de nuevo. Y lo va a conseguir. Por sus cojones. No lleva estudiando y trabajando toda su vida para que ahora, jubilado, sufra el asedio de los tentáculos de quien no tiene corazón sino calculadoras de rentabilidad y lucro.

No me fío. Estos son capaces de todo. Me voy para Vigo. He hecho ya las maletas y he metido un fusil de mi abuelo, de la guerra. Tomás tiene una barca grande. Mañana saldremos en el Faro de Vigo. Y en El País, por qué no. Sujetando al Leviatán, después de haberlo cosido a balazos: le vamos a hacer una arroba en el cuerpo. A ver si con lo de los periódicos a mí me dan trabajo y, a Tomás, una conexión de banda ancha con fibra óptica. Y seguimos chateando todo el invierno.

Análisis político Economía y sociedad

Curiosidades sobre Watch-Cooper-Gromenauer

30La extraña pronunciación de la consultora-auditora PriceWaterHouseCoopers ha sido la broma principal del último debate (cuando no el debate en sí mismo). Una de las denominadas “Big Four”, junto con Deloitte, Ernest & Young y KPMG. Seguro que resultan familiares a la mayoría: no en vano, se ocupan de la auditoría de las grandes empresas financieras, así como de importantes procesos de asesoría fiscal, algunos de los cuales han demostrado ser algo más que irregulares.

Lo que Pablo Iglesias quería decir en realidad era que Jordi Sevilla, posible ministro de Economía en caso de que Pedro Sánchez formase gobierno, proviene de esta gran empresa. Y lo que no dijo es que el actual ministro del mismo ramo, Luis de Guindos Jurado, también formó parte del consejo de la consultora, así como otros compañeros suyos en el gobierno.

La cuestión no es lo gracioso que resulta Iglesias diciendo mal un nombre larguísimo y difícil; lo importante es por qué todos nuestros ministros económicos vienen de los mismos sitios: si Guindos provenía de Endesa, PriceWater, Lehman Brothers, Nomura y otras grandes, Elena Salgado, que venía de Sacyr-Vallehermoso y de Arthur Andersen (ahora Accenture*), fue reclutada por Chilectra-Endesa a su salida del ejecutivo de Zapatero y el también ex comisario financiero de la UE Pedro Solbes, por Enel-Endesa y por Barclays Bank. Si miramos a otros ministros económico financieros del pasado, nos encontramos con Rodrigo Rato, Carlos Solchaga o Miguel Boyer. Ninguno que represente una mera excepción, y los de la UCD tampoco les van a la zaga.

Ninguno viene de la mina ni ha vuelto a ella. De ahí que debamos hacernos algunas incómodas preguntas: ¿qué políticas económicas se deciden en la democracia española? ¿están las ecuaciones de la economía por encima de otras consideraciones? ¿deberíamos dejar que las cosas sigan siendo así, sin cuestionarlas? Imagino que Jordi Sevilla sería un buen ministro: es Economista del Estado, igual que Solbes, del que fue jefe de gabinete entre 1991 y 1996. Lo que no tengo claro es si con él, o con el que se ponga en su lugar, se abrirá un nuevo camino en nuestro país con el año 2016. Y me gustaría que así fuera.

*Fe de erratas: como comentan al autor algunos expertos y trabajadores del sector, Accenture no es la antigua Arthur Andersen, sino una escisión de la misma que mantenía un litigio con la primera acerca del nombre. Por esta razón, los trabajadores y directivos de la empresa Accenture no son en absoluto miembros de la antigua Arthur Andersen, desaparecida después del escándalo Enron en 2001.