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Andrés Villena Oliver

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Cómo se gobierna España

imagen.phpLa Editorial Comares acaba de publicar mi libro “¿Cómo se gobierna España?” Pese a que tardará unos cinco días más en aparecer en las librerías, en Amazon y demás repositorios digitales, quiero hacer una breve reseña de su contenido para comunicar al lector qué puede encontrarse en caso de hacerse con un ejemplar.

El libro es una versión resumida de mi tesis doctoral (“Fundamentos estructurales de los gobiernos democráticos…”), realizada entre el año 2012 y el 2014 en la Universidad de Málaga. La tesis (y el libro) analizan y describen las formas de dominación legal en España en función del partido político en el poder y del contexto económico y social.

Las conclusiones no son especialmente halagueñas: PP y PSOE presentan tantas diferencias como parecidos; si bien cada uno de los partidos recluta a integrantes gubernamentales de diferentes grupos influyentes, ambos hacen lo mismo, es decir, administran el poder durante cuatro años y permiten que determinados grupos de interés se cuelen en la democracia totalmente blanqueados, es decir, legitimados con nuestro voto. Se trata de la banca, como está sucediendo en estos momentos (¿por qué se producen tamaños rescates si no?), pero también de los altos funcionarios (fuertemente ideologizados), de los sindicatos mayoritarios, de los poderes territoriales y de las instituciones de la Unión Europea, entre otros.

De esta forma, una buena parte del ejercicio de gobierno no depende de las decisiones de los electores, sino que hay poderes fácticos que se mantienen presentes independientemente de lo que votemos. Y  cuando lo hacemos y cambiamos al partido en el poder político, solo alcanzamos a modificar los poderes no electorales que de todos modos acaban dominándonos. El gobierno, de izquierdas o de derechas, siempre será gobierno y, por tanto, siempre consistirá en una dominación legal alejada de las formas idílicas de democracia que encontramos en las definiciones del diccionario. Si queremos algo distinto, tendremos que ser primero conscientes de lo que tenemos.

Nada nuevo bajo el sol, ¿no? Pues esto son las ciencias sociales: a veces más sociales que ciencias, dan lugar a investigaciones que producen resultados que las personas inteligentes ya conocen pero que, frecuentemente, no son conscientes de saber. De esta forma, esta contribución al conocimiento social sirve, al menos, para confirmar las sospechas de muchos que, sometidos al bombardeo de los medios, no tienen tiempo para pararse a reflexionar y para ser totalmente conscientes de lo que nos sucede.

Estoy dispuesto a hacer todas las presentaciones, charlas y debates necesarios para divulgar estas ideas. Si estás interesado, puedes enviarme un correo a villenaoliver@gmail.com y estaré encantado de responderte.

Muchas gracias.

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Otra corrupción es posible

ignacio-gonzalez-abc--644x362Estas semanas están siendo muy animadas en lo que a noticias de corrupción se refiere. Se podría afirmar que están saliendo casos de personas que no habían sido imputadas antes, pero que encajan perfectamente en su nuevo papel.

A uno, que está bastante limitado de recursos económicos y que, además, está acostumbrado a vivir con pocas cosas -pero que, no obstante, son suficientes y de sobra para una existencia sencilla y satisfactoria-, le sorprende el ensañamiento, la codicia y la agonía de quienes, desde puestos de poder en principipo democrático, han puesto en marcha todos los resortes posibles para ganar muchísimo dinero. Tantísimo, que llega ese divertido punto paradójico en el que no saben dónde meterlo, cómo gastarlo o de qué manera esconder los cuantiosos billetes.

Creo que la ciudadanía ha llegado a un punto de rebeldía e indignación en el que puede aspirar a demandar otro tipo de corrupción: “Porque otro tipo de corrupción es posible”. Maneras más sofisticadas, rastros menos evidentes, escasas exhibiciones de lujos, formas más valientes y honestas de aceptar los cargos cuando estos se presentan… Una corrupción propia de un país perteneciente a un club de ricos  como es, todavía, la Unión Europea.

Hay que ser optimista: las nuevas generaciones, que ya han estudiado más de un máster, pueden cumplir este reto. A ellas les corresponde el testigo de aspirar a robar sin dejar tanto rastro; a gastar lo hurtado en privilegios menos ostentosos; a repartirlo mejor entre sus colaboradores (como una suerte de socialización del robo); a hacer el mínimo daño físico posible y, por supuesto, y llegado el caso de la detención, a ser capaces de aceptarlo todo, a hacer una buena autocrítica y a prometer una actuación más limpia e inteligente en el futuro.

Igual que esperamos la regeneración de la democracia, de la socialdemocracia, del centro político y de la organización de los rebeldes kurdos en la costa marbellí, debemos exigir con todas nuestras fuerzas un modelo de corrupción ajustado al siglo XXI, que haga de la elegancia su razón de ser, algo que permitirá justificar su existencia y su pervivencia al margen de los pequeños esfuerzos que desde los tribunales y las autoridades se vienen realizando. Juntos podemos conseguirlo. Pásalo… e ilusiónate, joder.

Cultura y reseña de libros

Instrumental, una lección de piano que no deberías perderte

james-rhodes1--620x549Son las cuatro de la mañana… o puede que sean todavía las tres y media. Esos momentos son los peores para James Rhodes: si te despiertas a esa hora, te tienes que quedar en la cama prácticamente hasta las cinco, que es la hora a la que la gente normal empieza a hacer su vida. Y, después, estar todo el día como un zombi, como un perdedor mental, como yo qué sé…

Un día tras otro, este es el despertar del protagonista de “Instrumental”, unas memorias muy tempranas, pues su autor apenas ha sobrepasado los cuarenta años. Rhodes narra una historia que es, en realidad, un cuento de supervivencia: desde los cinco hasta los diez años, sufrirá violaciones y abusos sexuales que destruirán su infancia, su personalidad y que, además le dejarán durísimas lesiones físicas y letales daños emocionales.

Pero ni su modo de vida auto destructivo, ni sus fallidos intentos de suicidio ni el dolor de vivir con un descomunal peso de culpa y de vergüenza podrán -o al menos, por ahora, no han podido- con este músico vocacional. Con un talento desmedido por el piano y una inusitada capacidad para encontrar representantes y patrocinadores, Rhodes expía lo que nunca fue una falta propia a través del trance que le proporcionan sus versiones de las sinfonías de Beethoven, Mozart, Stravinsky o Bach, entre muchos otros. Estas verdaderas pruebas de la existencia de Dios para ateos y agnósticos serán la salvación de este músico perdido en un mundo de miedo, desconfianza, soledad y auto compasión.

“Instrumental” no es solo un libro que reivindica la democratización de la música clásica como forma de experimentar una vida más plena por parte de todos. Es una biografía, unas memorias que descubren cómo algunas personas han conseguido regresar de un lado oscuro de la vida del que frecuentemente no se habla correctamente y que se limita y que obtiene como respuesta episodios ocasionales de una indignación temporal que no aborda las causas reales.

James Rhodes recorre el mundo con un peculiar e innovador tipo de conciertos. Si tenéis ocasión de verlo, no la desperdicieis. “Find what you love and let it kill you”, afirma este pianista, mostrando el peso de la vocación o de nuestros verdaderos intereses en la vida que debemos aspirar a vivir. Una lectura más que recomendable o, como dicen los ingleses, “insightful” (inspiradora).

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Nada

A vec32083497es, los árboles no nos dejan ver el bosque. Entre tantas novedades editoriales rimbombantes, a veces hay que dejar un hueco a lo que se hizo en el pasado. Y por eso quiero dedicar unos minutos a comentar una obra recién leída que me ha dejado un hondo sentimiento de plenitud. Se trata de “Nada”, la novela de Carmen Laforet que en 1944 se llevó el Premio Nadal.

A veces puede merecer la pena comentar las circunstancias en las que se da con una obra de tal calibre. Hurté “Nada” -no es la primera vez que me llevo un libro de esta manera- de un rastrillo que unos jóvenes idealistas están realizando para expandir la cultura en el municipio de San Sebastián de los Reyes. A pesar de que fui casi inmediatamente descubierto (“¡el único que robaría un libro de aquí serías tú, Villena!”), decidí devorarlo y, solo quizá, devolverlo después.

El caso es que “Nada” no engancha prácticamente nada. No es precisamente un “thriller” que te arrastra de página a página. Pero una lectura más fina, más profunda, y más paciente, permite entrever que sobre el lienzo de la poco tranquila historia se pinta y se trazan realidades infinitamente más potentes que la trama principal. Andrea, la protagonista de la historia, expone a lo largo de la historia el éxtasis de su adolescente juventud, la explosividad de sus sentidos y lo doloroso y placentero que supone vivir de cara a sus emociones. Andrea describe paisajes de la Barcelona de posguerra que habitan mitad en su interior, mitad en el exterior. Sin ser ni mucho menos un experto en el tema, diría que la protagonista secuestra la trama para preñar una novela inolvidable del mayor impresionismo que puede caber en esta forma de hacer arte.

“Nada” fue una de las primeras bombas literarias del franquismo. Después vendrían muchas más. Había mucho que contar, pero también, mucho que callar, pues al servicio del pensamiento correcto había todo un ministerio de control y propaganda. Quizá el contraste entre la riqueza interior de Andrea y la podredumbre y la zafiedad de su entorno familiar pueda ser suficiente para trazar una dialéctica entre lo que podíamos haber sido y lo que de verdad éramos en España por aquellos tiempos.

No quiero contar mucho más sobre la novela de Carmen Laforet, pero quienes quieran disfrutar de una prosa enriquecida y nada redundante, empalagosa o repetitiva; quienes todavía crean en la fuerza de la verdad de los sentimientos crudos e inocentes de la adolescencia y quienes consideren un regalo divino disfrutar de la suerte de mirar una sucesión de cuadros inolvidables al tiempo que la trama alcanza su desenlace definitivo pueden hacerse con esta novela de formas más ortodoxas que las mías.

Ya sé que no doy para crítico literario. Ni para ladrón, todo hay que decirlo.

Sociedad y cultura

El que piense no sale en la foto

hombre_pensandoHace muchos años, un vicepresidente gubernamental que no estaba exento de verbo ni de inteligencia, Alfonso Guerra, pronunció lo que hoy es una frase algo manida y probablemente sacada de contexto: “El que se mueve no sale en la foto”. Eran tiempos difíciles: el Partido Socialista Obrero Español gobernaba por primera vez en la democracia inaugurada por la transición post franquista y había mucho que hacer. Primaba entonces la disciplina de partido y no había tiempo para los versos sueltos, para polémicas consideradas ociosas ni tampoco para determinados matices.

Pero es que casi todos los tiempos, cuando se contemplan desde el presente, parecen difíciles. Y el respetar los acuerdos políticos, morales y, en consecuencia, los verbales, acaba compensando, pese al prurito de prostitución personal que uno detecta entretanto paga por tamaño billete de entrada a la sociedad.

Tiempos como el presente son de verdad complicados. Cómo no. Pensar, emitir opiniones originales, irreverentes, disonantes, atrevidas, arriesgadas, irrespetuosas e incluso civilmente suicidas aportaría bastante a unos lectores que, a base de ver lo mismo todos los días, hemos acabado programados para repetir los mismos estímulos-respuestas; como si fuéramos esos zombies que por algo siguen tan de moda…

Seguimos, en nuestra pasividad construida a base de pantallas (y a prueba de bombas, nunca mejor dicho), conquistados por esa identidad que equipara lo que aparece en estas a lo únicamente existente. Intelectuales mediáticos, sacerdotes de la izquierda en pleno y constante apocalipsis (lo suficientemente plastas como para seguir de sacerdotes eternamente), tertulianos-caricatura de programa-sainete con ribetes políticos, portavoces/zas sobreactuados supuestamente ofendidos por un determinado “abuso” sobre el medio ambiente, los toros, la igualdad, los derechos de no sé quién… (¿quién tiene derechos cuando los derechos más importantes los hemos dejado abolir al negarlos o al no defenderlos?)

Sería bueno poder poner fin a la letra de esa música a la que no queremos o no podemos renunciar. A esas cursiladas eufemísticas de ‘posverdad’, ‘participación ciudadana’, ‘crisis de valores’, ‘sostenibilidad’, ‘populismo’, ‘crisis’… Palabras que engañan, palabras que mienten… pero palabras que, de algún modo, nos mantienen, como el cordón umbilical, adeptos a la corriente mayoritaria, comprendidos, integrados y a temperatura corporal.

Pero es que ese cordón umbilical aspira por definición a romperse. O a ahorcarnos, si nos aferramos en exceso. Tenemos que poner en marcha un nuevo lenguaje y aplicarlo a las informaciones que nos llueven desde todos los puntos. Informaciones que se extienden por el mapa de Internet pero que vienen a decir prácticamente lo mismo siempre: no sabes, no entiendes, céntrate en los asuntos menores, que son los que están a tu alcance…

Son tiempos para el terror. El terror de la palabra que revela una verdad incómoda. Una realidad en la que figuramos, despojados de pantallas lobotomizadoras y avergonzados por lo que dejamos que ocurra. Tiempos, en definitiva, para que más de uno se lleve un buen susto. Porque esto sí que nadie se lo espera.

Economía y sociedad

¿Salir o no salir del euro?

Este sábado 7 de enero he publicado en Ctxt.es, Contexto y Acción, una entrevista al economista Stuart Medina Miltimore, autor del libro “El Leviatán desencadenado”. En la entrevista tratamos la salida del Euro. Medina es uno de los exponentes españoles de la denominada Teoría Monetaria Moderna. Para este, la soberanía monetaria, contar con un banco central al servicio de un gobierno democrático, permitiría a España salir de esta crisis eterna y rehacer el modelo productivo.

Obviamente hay muchos riesgos y letras pequeñas, pero para eso está el debate. La TMM desbanca viejos mitos de un pasado neoclásico y neoliberal que no ha sido capaz de prever ni la crisis ni su desarrollo, todavía en curso.

Os dejo aquí el enlace y os invito a participar en el foro y a preguntar cualquier cosa que os interese o que no entendáis. Gracias a todos y feliz 2017.

 

Otras cosas

Cuidado con los Trending Topic

captura-de-pantalla-2013-04-08-a-las-11-41-07-pmMe ha pasado como otros días y he puesto el despertador por la noche con unas expectativas que a la mañana siguiente no podían cumplirse: me duermo más rato del planificado. Y me levanto con el mismo pijama de siempre. Dos constantes en una.

El pasillo me ve pasar (que esa es su función) y llego a la cocina. Una amplia mesa da cabida a una radio, a unas marcas de café y a un pequeño portátil. Mientras me preparo mi dosis de cafeína con sabor de mañana, me conecto a Internet entre remordimientos, pues es muy tarde aunque nadie me espera en ninguna parte. En principio.

En esto, que cuando entro en la maldita red de Twitter, que no me gusta pero de la que dependo en cierto modo, descubro que soy Trending Topic.

Sí, Trending Topic, lo más de lo más. Figuro el primero entre una lista de hashtags o jashtags –como la Academia Mafiosa de la Lengua decida solidificar el término en nuestro idioma. #Nadalseretira #Chayanneesgay #CoreadelNorteElecciones y #Rajoyesgay, entre otras etiquetas, figuran por debajo de la mía. Parece que la enorme relevancia y la excepcionalidad histórica de estos cuatro ejemplos, entre otros, no es suficiente para superar la frecuencia de visitas a mi nombre y apellidos todos juntos.

Mi mirada se torna borrosa ante tantas frases sobre mí. Todas me suenan y todas utilizan esas palabras con las que yo me describo y que tanto repito. Ante el nudo doble en mi garganta, cierro de golpe el portátil y derramo algo de café encima de este. Es lo más cerca que he estado de mojar el PC en una taza de Marcilla.

Después de quitarme el traje de rayas, salgo a la calle a ver si la resaca del sueño testarudamente prolongado se evapora y puedo volver a mi vida cotidiana. Variable, solitaria, a veces anodina pero, al menos, previsible y manejable. El sueño americano.

Pero las cosas distan de ser normales.

A la salida del portal hay un grupo de señoras con bolsas del Zara que se disponen a seguirme en fila. Deben de ser varios retweets (retuits), pues suben conmigo las escaleras para salir de la urbanización mientras dicen todo el tiempo mi nombre y apellidos en voz alta, junto a alguna información que nadie debería creerse. El portero, que jamás me ha hecho ni puto caso, sale de entre los barrotes de la cancela de salida y se incrusta en el trenecito geriátrico adhiriéndose al jolgorio.

En el kiosko, no me sorprendo al verme en la portada de la mayoría de los periódicos. Me hago con uno de estos y me tapo la cara con él, como un espía post soviético. Me siento en un banco y cierro los ojos. Ese egocentrismo del niño pequeño que al taparse la cara cree desaparecer me posee. Y todo se vuelve borroso…

Despierto frente al portátil, el traje a rayas manchado del café de otra mañana no tan distante, la radio sonando y el portátil calentito. Estoy a punto de introducir el mejor tuit de la Historia de Internet. El que me hará Trending Topic. En dicho tuit, afirmo que el dueño de Zara debería vestir un traje a rayas entre barrotes y limpiarse el culo con papel de periódico hasta acabar en un geriátrico.

Repaso las coincidencias y mando inmediatamente el tuit al carajo. No hay que jugarse la vida por tan pocos caracteres. Además, no me gusta nada cómo me mira el portero de mi urbanización. #Buenasnoches

Otras cosas

Sobre los negocios que triunfan de verdad

tienda-cerradaMe apetece escribir, pero no sé de qué. Desconozco lo que ha pasado en estos años, pero mi creatividad y mi predisposición por crear historias prácticamente han desaparecido. No creo que sea la edad: más bien el agobio que producen la inseguridad laboral, el futuro incierto… O la pereza, circunstancia de más peso aún.

El caso es que iba el otro día por la calle, hacia el metro, como siempre, y se me ocurrió escribir sobre la historia de un hombre que abría una tienda, pero que la había inaugurado para que esta permaneciera cerrada. La gente, sus allegados, aquel que pasaba por el fondo de la escena, no podían entenderlo. ¿Cómo abrir una tienda para mantenerla cerrada? ¿Qué sentido tenía? ¿Acaso pretendía conseguir el Guinness al negocio menos rentable, menos atractivo, más… cerrado?

El caso es que nuestro protagonista perseveró y se defendió afirmando que, a su juicio, no hacía nada ilegal, que pagaría religiosamente sus impuestos y que retribuiría a tiempo a los proveedores. Que ningún cliente quedaría insatisfecho.

Y lo cierto es que lo consiguió. Sin fraude fiscal, todos los papeles en regla y sin quejas de proveedores ni clientes. Solo incomprensión. Una incomprensión generalizada por un establecimiento que más parecía una broma que lo que suelen hacer los creadores de riqueza, esos emprendedores que abren e inauguran locales para comerciar, para servir, para comprar y vender. Para triunfar y para hacer el bien.

Pero nuestro protagonista seguía en sus trece: “yo me propuse abrir una tienda cerrada y la tienda ha abierto. Y cerrada permanece abierta y cumple la función que quise darle”.

Y van pasando los años y la tienda se mantiene: ni graffitis garabateados, ni borrachos sentados vomitando hacia arriba, ni solo un perro se detiene allí para orinar. Es de las pocas tiendas que no sufren desperfectos durante las noches de fiestas. Quizá porque se sabe, se intuye o se sospecha, que en ella hay siempre alguien enormemente atareado: por algo tiene que ser que una tienda cerrada consiga permanecer abierta eternamente.

Vida cotidiana y postureo

Andando entre huertos urbanos

Os decía en una entrada anterior que estoy viviendo en San Sebastián de los Reyes, en uno de los municipios del norte de Madrid. 20160707_120226Y que trabajo llevando la comunicación en un Ayuntamiento. El otro día estuvimos viendo huertos urbanos. Unas parcelas que el consistorio ha dejado para el libre cultivo de tomates, calabacines, habas, pepinos, incluso de sandías. Los espacios dedicados para que los que más saben de esto cultiven sus productos mejoran con mucho los aprovechados por el Ayuntamiento. Esto refuerza tesis liberales sobre la mayor eficiencia del orden natural de la eficiencia humana, más o menos en la jerga de Friedrich Hayek, pero no quise complicar la mañana con cosas por las que te pueden bajar el sueldo.

Lo cierto es que estuvimos un buen rato con estos campesinos urbanos que están disfrutando de la posibilidad de cultivar sus productos y fue mucho más agradable que permanecer en la eterna jerga política de todos los días. Tomo distancia y me imagino a estos señores morenos y arrugados por el paso de los días de sol a sol, sus arrugas faciales como surcos reflejo de los trabajos hechos en el campo a lo largo de toda su vida, capaces de medir el tiempo por signos naturales ajenos a las agujas de un reloj. Su mirada, paciente y desconfiada, como la de un animal que, pese a la tranquilidad de la mañana, prevé con cierta exactitud que pronto la calma se tornará en tormenta.

Estos señores miran con esa ligera desconfianza a nuestro alcalde. Al fin y al cabo está solo haciendo su trabajo de todos los días, pensarán. Pero yo sé que este prefiere cien veces más estar con ellos que con los focos de los medios. Porque es infinitamente más agradable perderse en el lenguaje experto de los que ven nacer los tallos que los de los que quieren hacer pasar una realidad por la única verdadera.

Igual ni son tan expertos, sino personas que buscan una buena razón para estar un rato en la calle. Sin ver a la parienta, bromea uno de ellos. La ciudad o el pueblo es un espacio urbano que, si se quiere, puede convertirse en sede y prolongación de esa vida comunitaria que nos acoge y que nos da sentido en parte de nuestra existencia.

Pues eso, huertos urbanos. Y de vuelta al coche y a trabajar, o a seguir trabajando. Me he escondido un tomate, espero que no me lo vean.

Vida cotidiana y postureo

… mucho tiempo después

IMG_0104Llevo mucho tiempo sin escribir, ya lo sé. He dedicado las últimas semanas y meses a terminar un libro que sacaré en octubre, con la Editorial Comares: “¿Cómo se gobierna España?” Para los que no seáis muy de libros académicos, podéis esperar a que se estrene la película. Parece que Nicole Kidman hará de la protagonista que se desnuda cada vez que la cámara la enfoca, y Bruce Willis, de profesor amargado que empieza a disparar por los pasillos con su fusil. Promete mucho sexo, explosiones y, sobre todo, sustos.

Llevo ya cuatro meses en San Sebastián de los Reyes, Madrid. Una ciudad con alma, como dicen aquí. Trabajo en el Ayuntamiento. A veces me toca ir con el alcalde a visitar peñas taurinas, cofradías, clubes, inauguraciones… Y no está del todo mal. El otro día se manchó y tuvimos que volver a su casa porque no quería llegar con un lamparón más grande que yo en la camisa. Aquel día aprendí una técnica fundamental en asesoría de imagen: si te manchas, vuelves a tu casa y coges otra camisa, que para eso eres el alcalde. Las cosas terminaron bien: llegamos a la peña taurina y nadie se dio cuenta de que el alcalde se había manchado: en la nueva camisa no quedaba señal alguna de la mancha que se hizo en la otra. Trucos más increíbles se han visto en los consistorios estos pasados años de falsa bonanza.

San Sebastián de los Reyes es una ciudad pueblo particular, como todos. A veces, me siento como Doctor en Alaska: no me entero de nada. Pero esto no es Alaska. Ayer estábamos a 40 grados. Y eso no está nada bien cuando se hace de noche y no sopla el viento.

En próximas entradas hablaremos de los asuntos más apremiantes: Brexit, Trump, Rajoy… De todo aquello de lo que se opina desde la barra de un bar. Parece como si el conocimiento (superficial) se hubiera democratizado: ¡qué horrible forma de democracia!

Hala, nos vemos en la próxima.