Vida cotidiana y postureo

Andando entre huertos urbanos

Os decía en una entrada anterior que estoy viviendo en San Sebastián de los Reyes, en uno de los municipios del norte de Madrid. 20160707_120226Y que trabajo llevando la comunicación en un Ayuntamiento. El otro día estuvimos viendo huertos urbanos. Unas parcelas que el consistorio ha dejado para el libre cultivo de tomates, calabacines, habas, pepinos, incluso de sandías. Los espacios dedicados para que los que más saben de esto cultiven sus productos mejoran con mucho los aprovechados por el Ayuntamiento. Esto refuerza tesis liberales sobre la mayor eficiencia del orden natural de la eficiencia humana, más o menos en la jerga de Friedrich Hayek, pero no quise complicar la mañana con cosas por las que te pueden bajar el sueldo.

Lo cierto es que estuvimos un buen rato con estos campesinos urbanos que están disfrutando de la posibilidad de cultivar sus productos y fue mucho más agradable que permanecer en la eterna jerga política de todos los días. Tomo distancia y me imagino a estos señores morenos y arrugados por el paso de los días de sol a sol, sus arrugas faciales como surcos reflejo de los trabajos hechos en el campo a lo largo de toda su vida, capaces de medir el tiempo por signos naturales ajenos a las agujas de un reloj. Su mirada, paciente y desconfiada, como la de un animal que, pese a la tranquilidad de la mañana, prevé con cierta exactitud que pronto la calma se tornará en tormenta.

Estos señores miran con esa ligera desconfianza a nuestro alcalde. Al fin y al cabo está solo haciendo su trabajo de todos los días, pensarán. Pero yo sé que este prefiere cien veces más estar con ellos que con los focos de los medios. Porque es infinitamente más agradable perderse en el lenguaje experto de los que ven nacer los tallos que los de los que quieren hacer pasar una realidad por la única verdadera.

Igual ni son tan expertos, sino personas que buscan una buena razón para estar un rato en la calle. Sin ver a la parienta, bromea uno de ellos. La ciudad o el pueblo es un espacio urbano que, si se quiere, puede convertirse en sede y prolongación de esa vida comunitaria que nos acoge y que nos da sentido en parte de nuestra existencia.

Pues eso, huertos urbanos. Y de vuelta al coche y a trabajar, o a seguir trabajando. Me he escondido un tomate, espero que no me lo vean.

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